Todas las personas necesitamos ayuda en distintos momentos de la vida. Sin embargo, no todas la reciben de la forma más adecuada para salir de la crisis, para cambiar y lograr sus sueños. Prestar ayuda, ser coach, no es una actividad simple; se requiere establecer relaciones armónicas, de calidad, plenas de confianza. El coaching no es solo dar, también es recibir. Quien recibe ayuda y quien la da intercambian emociones, vivencias, experiencias y se afectan mutuamente. En este libro escrito por expertos en liderazgo, inteligencia y aprendizaje emocional, usted encontrará puntos claves para ayudar a cambiar a otras personas.
La vida actual se basa en agendas saturadas, retos complicados y ritmos laborales vertiginosos que lo alejan de sus sueños y sus metas a futuro, de aquello que le importa y alegra sus días. Nadie busca visiones futuras de sí mismo para salir de una crisis profesional. Muchas veces, cuando alguien se preocupa y ayuda a otro, es porque le interrumpe la rutina diaria o trastoca sus planes de vida.
Todas las personas necesitan ayuda, pero en ocasiones las maneras de ofrecerla no son adecuadas. La construcción de relaciones relevantes, sustentadas en propósitos comunes y compartidos, escuchar y ayudarse mutuamente, son pasos para que unos y otros, el coach y el “coachee”, el profesor y sus alumnos, el jefe y sus empleados, aprendan cosas nuevas, crezcan individualmente y progresen profesionalmente.
Esa es la labor del “coach compasivo”. Se trata de alguien que se preocupa y ofrece un cuidado genuino a los demás. Es una persona que se enfoca en otra y le da el apoyo y el aliento requeridos. Esto abre camino para que el coachee, quien recibe ayuda, descubra y vaya tras sus sueños y le sean más fáciles de lograr.
“Los grandes coaches –o los mejores maestros, directores, colegas o amigos– son aquellos que nos inspiran con sus conversaciones. Nos estimulan a crecer, desarrollarnos y a cambiar de manera significativa”.
Sin embargo, para que estos cambios duren a largo plazo, la persona a la que se ayuda debe mostrar voluntad y estar animada por una motivación interna. Este proceso debe ser holístico, en el que participen conjuntamente cada una de las facetas del individuo. Esta persona debe conocer sus propias emociones,
buscar una visión personal a futuro y estar inspirada para iniciar ese camino. En el proceso, estará acompañada por un coach compasivo, quien orientará a la persona para que ponga a sus sueños como los pilares de su vida futura.
Quizá hace algunos años alguien le ayudó a usted a descubrir lo que verdaderamente le interesaba y los objetivos que tenía para su vida. O, posiblemente, usted ayudó a otra persona, su pareja, algún familiar o su compañero de trabajo. Esto se logró mediante conversaciones que produjeron reflexiones que llevaron a tomar decisiones y actuar para transformar el futuro.
El mejor guía es aquel que sabe cómo ayudar al otro para que halle su pasión y se ponga en marcha para lograr sus metas. Un coach compasivo tiene como punto clave construir una relación resonante con la otra persona en busca de cambios que duren a mediano y largos plazos. El coaching no es una terapia donde uno habla y el otro escucha. Se trata de una actividad compartida donde los partícipes deben tener claro que ambos están en un proceso de desarrollo mutuo.
Toda aquella persona que influye positivamente en los demás despliega las siguientes cuatro acciones cuando brinda su ayuda:
1. Inspiración – Para ayudar a los demás a progresar, hay que renovar su vitalidad, llenarlos de energía e ilusión, y orientarlos para que logren orientar sus brújulas hacia sus sueños.
2. Atención y preocupación – Las relaciones de calidad se basan en el interés que el otro muestra por la vida y el trabajo de quien le acompañe.
3. Apoyo y motivación – El coach compasivo debe desplegar hacia el otro emociones de esperanza, cuidado y ternura para estimularlo y sostenerlo.
4. Descubrimiento de sueños – Un buen guía debe desarrollar la capacidad de identificar el “yo ideal” de la otra persona, y de entender sus sueños y anhelos intrínsecos. Además, le acompaña en la consecución de sus futuros ideales.
Los coaches eficientes dan seguridad a las otras personas para que encuentren su propia visión de futuro.
Esto abre la posibilidad de centrarse en sus metas bajo una rutina de esfuerzo constante.
Los cambios de conducta no son procesos ordinarios, pues para lograrlos se requiere que la persona anhele cambiar y transformar su vida. Advertirle a alguien que necesita un cambio no es una forma adecuada para ayudarle a modificar su vida a largo plazo. Para que suceda, se requiere que la persona desbloquee el poder de la pasión, de la motivación, en busca de esa visión personal a futuro.
“Sin un deseo de cambio interior, cualquier diferencia perceptible es efímera”.
El modelo de cambio intencional es una opción para ayudar a otras personas a que mejoren en todas las facetas de su vida. Este se basa en la “Teoría del Cambio Intencional”, que pregona que un cambio de conducta a largo plazo no se da de manera lineal y que no hay un punto de arranque ni una meta. Por el
contrario, esta teoría propone que el progreso se da por medio de ráfagas, de saltos discontinuos. Es decir, hay descubrimientos a lo largo del tiempo.
Para que una persona logre generar cambios positivos duraderos en su vida, este modelo plantea las siguientes fases o descubrimientos:
1. El “yo ideal” – No hay mejor camino hacia el futuro que ayudar a que los demás vean sus ideales en cada faceta de su vida y estimular su esperanza y optimismo hacia el porvenir desde una visión personal.
2. El “yo real” – Ninguna visión a futuro se puede crear si alguien no tiene una visión acertada de lo que es en la actualidad. Se requiere que cada quien identifique lo que es ahora con lo que quiere ser y hallar los aspectos de su vida real que se vinculan con su yo ideal.
3. Agenda de aprendizaje – Una de las tareas del coach o alguien que ayuda es lograr que la otra persona encuentre los aspectos que más la estimulan para el progreso de su vida y qué comportamientos debe cambiar.
4. Experimentar nuevas conductas – A veces, los cambios no arrojan los resultados esperados, la vida es un experimento y los fracasos también son positivos. El punto clave está en no rendirse. El coach tiene que ofrecer otras estrategias para consolidar nuevos hábitos.
5. Identidad colectiva – Nadie es capaz de cambiar y progresar sin un grupo de confianza que lo acompañe. Puede ser un familiar, un amigo o alguien cercano que evite que el proceso de transformación se lleve a solas.
Un coach compasivo tiene la capacidad de promover la visión del futuro ideal y estimula las fortalezas positivas en busca de emociones que hagan florecer el cambio en las otras personas. El cambio intencional se logra cuando la gente entra en sintonía con sus sueños, sus metas, sus fortalezas y valora sus capacidades individuales y las desarrolla para potenciarlas.
Un “ayudador” ineficiente impone sus visiones propias sobre cómo debería de funcionar la vida de los demás. Los resultados serán pésimos y la persona que pide ayuda no cambiará ni progresará. En cambio, centrarse en ella, comprenderla, platicar y descubrir sus maneras de entender el mundo y la vida, conocer sus situaciones personales, familiares, de trabajo, preguntarle cómo se siente despertará su “atractor. emocional positivo” (PEA, por sus siglas en inglés).
El PEA está ligado a emociones como la creatividad, la alegría, el agradecimiento y la curiosidad. Al estimularlo, despierta en una persona el entusiasmo necesario para realizar cambios y mostrar una actitud de apertura ante lo que está por venir. Es importante que un coach plantee preguntas positivas o abiertas
con las que la otra persona se sienta en confianza, recupere su seguridad y consiga la información necesaria para que el proceso de cambio dure.
“Las mejores relaciones son las equitativas y llenas de confianza mutua”.
Los mejores guías son aquellos que contribuyen a que las personas se centren, es decir, que sepan lo que sienten, sean conscientes de quiénes les acompañan, de encontrar lo que desde sus puntos ciegos no pueden ver. Así, las personas mostrarán apertura a nuevas ideas y a experimentar con sus conductas. Las personas serán más abiertas y proactivas al cambio.
Algunas de las estrategias usadas para generar un momento decisivo que detone el PEA son las siguientes:
• Futuro esperanzador – Platicar sobre los sueños y las visiones personales detona la imaginación y la voluntad necesarias para progresar.
• Compasión – Auxiliar a personas necesitadas, hacer algo por alguien más o expresar agradecimiento a los otros nos relaciona con las vidas ajenas y se detona el PEA.
• Plena conciencia – El PEA requiere que cada quien sea consciente de sí mismo, de quienes lo acompañan y del entorno donde vive.
• Sentido del humor – La alegría y la risa son los mejores estimulantes del cerebro. Ríase hasta de usted mismo para superar emociones negativas, transformar su perspectiva y conseguir la energía necesaria para alcanzar sus sueños.
• Naturaleza – Pasear por el bosque o ir a la playa permite que la mente perciba lo que hay alrededor y se experimentan sensaciones que llevan a una conciencia plena.
• Relación resonante – La relación establecida entre el coach y el coachee es vital para generar visiones, compasiones y energías compartidas.
Los humanos necesitamos incentivar el PEA para despertar los deseos, la diversión o el juego. El PEA ayuda a combatir el estrés y hallar esperanza y confianza para vivir. También se requiere el “atractor emocional negativo” (NEA, por sus siglas en inglés), con el cual se activan respuestas para sobrevivir, luchar, huir de los peligros y defendernos ante las amenazas. El equilibrio entre ambos es necesario para cambiar y progresar en la vida.
Un coach debe darle a la persona que ayuda las herramientas para circular entre el PEA y el NEA. Este proceso la mantendrá motivada y animada para conseguir la meta que se propuso o mantener el cambio de conducta. Para equilibrar el PEA y el NEA el cerebro usa dos redes neuronales:
◦ La red analítica – Esta se activa cuando las emociones negativas afectan a alguien, ayuda a la solución de conflictos y analiza lo que sucede alrededor. Es necesaria para la toma de decisiones.
◦ La red empática – Funciona cuando se tiene alguna experiencia o enseñanza positiva. Fomenta la predisposición a ideas novedosas, apertura hacia otras personas y la consolidación de valores.
La vida es una camino desafiante, cada persona debe ser perseverante y rigurosa para conseguir buenos resultados cada que se propone un objetivo. Tener equilibrio entre las emociones permitirá a cada quien alcanzar metas nuevas.
El “coaching para la visión” ayuda a que las personas consigan una perspectiva de sí mismas bajo la cual rescaten sus sueños genuinos. Cuando esa visión es motivante entonces cada propósito se vuelve una acción, el caos se organiza y se adquiere la confianza para ir tras el futuro que se anhela.
La visión personal de alguien es la expresión del yo real reflejada en el futuro. Usted podría ayudar a alguien si en lugar de plantearle qué quiere hacer, le pregunta quién quiere ser y qué tipo de vida anhela dentro de algunos años. Esta cuestión posibilita que las personas logren perspectivas objetivas de sí mismas, piensen con mayor inteligencia, actúen con racionalidad y exploren nuevos hábitos con los que su vida mejore.
“La mejor forma de ayudar a alguien a que identifique su yo ideal y vehicule su visión personal es invitarle a soñar”.
Un buen coach ayuda a la otra persona a descubrir su propia visión. Esto desata las emociones positivas y la esperanza y la ilusión estimulan la persecución de un sueño. Incitar a que alguien sueñe su futuro es un acto inspirador, de resiliencia y de humildad para que empiece a construir la persona que se quiere ser.
La construcción de relaciones de calidad requiere que los participantes se motiven, se preparen y practiquen armonizar sus puntos en común. Cuando alguien ayuda a otro debe enfocarse en el aprendizaje y el desarrollo de esa persona, lo cual impactará positivamente en sus emociones.
Las relaciones resonantes se sustentan en el apoyo, la seguridad, la energía y los motivantes requeridos para dar un paso tras otro y no tirar la toalla a medio camino. Esta relación de calidad es alimentada por una visión, compasión y energías compartidas. Es vital que el ánimo del coach o de quien presta ayuda sea positivo durante las conversaciones.
Hay tres pilares fundamentales con los cuales el coach puede generar relaciones resonantes:
1. Proceso de cambio – La transformación de las personas es un proceso, no un suceso, una frontera, un punto específico que alcanzar ni una meta.
2. Claridad de objetivos – El coach debe saber que prestar ayuda es como escarbar en busca de oro, de una oportunidad valiosa. No debe considerar a la otra persona como un basurero.
3. Momentos de intercambio – El ritmo y los temas de la conversación lo marcan las personas a las que se ayuda.
Uno de los puntos clave de las relaciones resonantes es escuchar. Así que si usted es coach o ayuda a una persona, le vendría bien desarrollar una escucha activa, lo que implica entender al otro, respetarlo y despertar la empatía. La mayoría de las personas se interesan en los demás e intentan ayudarles. No solo
se ayuda para sacar de la crisis a alguien, también para enseñarle, darle un empujón en sus crecimientos personal y profesional. No hay mejor legado para las personas que dejar su huella en las otras invitándoles a soñar y luchar por su yo ideal.
• Las personas progresarán en la vida si usted las ayuda a definir sus sueños y sus visiones a futuro.
• El coach compasivo es aquel que plantea conversaciones que motivan a los demás para evolucionar y cambiar en una dirección saludable.
• Los cambios duraderos se dan cuando las personas lo desean verdaderamente y actúan para lograrlos.
• Para ayudar a los demás, usted tiene que enfocarse en los sentimientos, pensamientos y emociones de los otros y escuchar activamente.
• Las personas necesitan “atractores emocionales” positivos y negativos para sobrevivir y prosperar.
• La visión futura de las personas está basada en sus sueños.
• La relación resonante se origina con emociones positivas y visiones compartidas.
Richard Boyatzis se especializa en liderazgo e inteligencia emocional. Ellen Van Ossten se enfoca en aprendizaje y desarrollo organizacional. Melvin Smith es experto en coaching empresarial.